Monday, May 01, 2006

No escupas al cielo... y cantes a la vez

Bus a San Antonio.

Venía Sara viajando, intentando conciliar el sueño para llegar repuesta al puerto, su puerto, el mar la esperaba con los brazos abiertos y un día como pocos. Sin embargo el sueño se pospuso gracias a un caballero, que le doblaba e incluso más la edad a SaraFel, comenzóle a hablar sobre los pasajes en días festivos, y termino contándole que era separado, padre de 2 hijos (uno casado), y que vivió su matrimonio en Iquique, y separóse para ir a vivir la nueva single life a Cartagena.

-No te dejaré dormir- le advirtió a la somnólienta Sara.

Pese a los monosílabos de ella, aquel señor (Germán, dijo el nombre sin siquiera preguntarle) le habló además de su gusto por la internet y que le gustaba conocer damicelas por dicha net, para entablar "amistad", pese a su discurso de odio al amor y las advertencias para con Sara de que jamás nunca se casara, y que no se dejara llevar por las habladurías de los hombres, que se dedicara a los estudios.

Resumen, Sara logró zafarse gracias a que el auxiliar del bus aguantó el diálogo del señor. Fel sacó su libro, danzó en la realidad un momento hasta caer profundamente dormida... 15 minutos. Llegaba a San Antonio. Respiró, que tiempo sin respirar; sus pulmones se hinchaban y vaciaban con total extásis.

Ese fue el viaje.

Nueve de la noche en la plaza. Frío que cala los huesos.

Entramos, con PoliFel (prima de Sarafel) y unos amigos a un bar, en donde tocaban musica inentendible y gutural. Una guitarra, un bajo y una bateria pueden a veces emitir los gemidos de dolor más atroces de la historia. Si tuviesen vida propia ya la hubiesen perdido.

Un hombre alto, imponente, con el pelo dorado sobre el rostro acerca sus labios al micrófono, dice algo que ni con subtítulos entendía, y todos aplaudian, y todos, en un momento estaban quietos, se acomodaron, unos se abrazaron, y comenzaron a batir sus cabezas al ritmo de las melodías de muerte y destrucción, de los gritos y el "wa wa wa" de la guitarra.

Una marejada capilar dentro del bar.

Euforia, el hombre de dorados cabellos estaba fuera de sí, era un gato, un león! rugía, y su cara alcanzaba rasgos felinos, bebia de su lata de cerveza; Observábale su transmutación.

Luego de un grito que hizo temblar los vidrios y vasos, y cerebros, lanzo un gargajo al techo y continuo con su canto (canto? si, canto) y ahí se me partío la pantalla en dos, a lo Brian de Palma:

El gran ser cantaba y bebía, y la viscosidad luego de un momento comenzó a hacerse larga, y más larga, y cada vez más delgada hasta terminar en una gota, que iba directo a los cabellos rubios de aquel cantor de extraños sonidos. Ya nadie miraba al sujeto, ya nadie movía sus cabezas, sólo gritaban enardecidos esperando lo que tarde o temprano iba a suceder.

Y sucedió.

Aquel monstruo amarillo verdoso, aquella araña viscosa se dejaba caer en los pelos del hombre, y se dejaba caer, y se dejaba caer hasta que se hizo dueña de los cabellos de aquel que un momento antes había sido su unico dueño.

Y nunca paró de cantar, aquella babosa escurridiza se metia entre sus poros hasta llegar a su cerebro y empaparlo de baba. Luego de que entrara en su ser, el ser se derrumbó cual castillo de arena. Ya nunca más era él, ahora era un refugio.

Pronto los 2 se fundirán y volverá a nacer.

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